26 octubre, 2018

Cocker Spaniel, Warhol


Cocker Spaniel. Andy Warhol. 1976, Barniz de polímeros sintéticos y tinta serigráfica sobre lienzo. Nueva York, Fundación Andy Warhol.

Andy Warhol. 1976, Barniz de polímeros sintéticos y tinta serigráfica sobre lienzo, 127x101,6 cm. Nueva York, Fundación Andy Warhol.

Materialista y sincero, Warhol habla de su mascota en “Mi Filosofía de A a B y de B a A”. Cito textualmente:

“Sólo en dos casos hago una excepción en lo que respecta a mi filosofía de uso de los desechos: 1) mi perro; 2) la comida. Sé que tendría que haber ido a la perrera a buscar un perro, pero lo compré. Me enamoré a primera vista y lo compré: en este caso las emociones me han hecho abandonar mi estilo habitual”.
Tanto las dimensiones de la obra como las áreas que delimitan el color, confieren al retrato una gran rotundidad. El animal, enmarcado dentro de una forma piramidal semitransparente, se muestra monumental y a su vez afable, dualidad irónica muy característica en la producción del artista.

Su Cocker Spaniel cobraría de gran popularidad, de ahí que realizase múltiple encargos de retratos caninos para aparecer en las paredes de las galerías acompañando a los de sus dueños. Recordemos que hasta esta fecha, tan sólo usaría el motivo animal en Dog Paintings de 1948, y en el libro dedicado a sus 25 gatos, que editaría en colaboración con Charles Lisamby en 1954, por lo que el retrato de su perro puede ser considerado como el primer retrato animal oficial de su producción artística.

15 octubre, 2018

La Calumnia, Botticelli


La Calumnia. Sandro Botticelli. 1495, Florencia, Galería Uffizi.

Sandro Botticelli. 1495, Temple sobre tabla, 62x91 cm. Florencia, Galería Uffizi.

La luz dorada ilumina el salón del palacio, dónde la impermutabilidad de las estatuas y bajorrelieves de dioses y héroes clásicos que decora la arquitectura, contrasta con el dinamismo de la composición que recrea la escena.

Una escena que Botticelli pinta en pequeñas dimensiones para la casa Segni — una importante familia florentina — y basa en la descripción que realizan Luciano y Leon Battista Alberti sobre una obra perdida del maestro Apeles, uno de los pintores más importantes de la antigüedad clásica, cuya producción tuvo lugar durante el siglo IV a.C.

La Calumnia es una alegoría sobre las falsas acusaciones y tiene una lectura de derecha a izquierda. De esta forma podemos ver primero al Rey Midas, acompañado de dos figuras femeninas — la Sospecha y la Ignorancia — que susurran a sus orejas de asno. Ante él, el Rencor vestido de harapos trae de la mano a la Calumnia, indiferente a todo lo que sucede. La Envidia y el Fraude adornan sus cabellos mientras arrastra a la víctima, un hombre desnudo que pide auxilio. Por último, a la izquierda del grupo central aparecen una vieja envuelta en un manto que mira a una joven desnuda que levanta el brazo, simbolizando la Penitencia y la Verdad respectivamente.

07 octubre, 2018

Fuego de la tarde, Klee


Fuego de la tarde. Paul Klee. 1929, Nueva York, Museo de Arte Moderno.

Paul Klee. 1929, Óleo sobre cartulina, 33.8x33.4 cm. Nueva York, Museo de Arte Moderno.

A diferencia de sus obras posteriores, en ‘Fuego de la tarde’ Klee alude desde formas abstractas a una experiencia visual fácilmente reconocible. De hecho el título no va a dar pie a la ambigüedad sobre el tema retratado.

El uso del color en esta obra va a servir también para distinguir el sol llameante al centro de la composición, representado por el cuadrado rojo. A su alrededor quedan en un segundo plano los verdes y violetas que, cuanto más al borde se encuentran, más oscuros y lejanos parecen.

La rígida estructura está compuesta por líneas verticales y horizontales — levemente hinchadas y desinfladas — que se reparten todo el espacio pictórico alternando manchas de color adyacentes. El ritmo lo define dicho encuentro, los cambios de color y la tensión casi elástica entre las bandas equilibradas, en base a la concentración y expansión de las mismas.

01 octubre, 2018

Autorretrato, Velázquez


Autorretrato. Diego Velázquez. 1630, Óleo sobre lienzo, 67x50 cm. Roma, Museo Capitolino.

Diego Velázquez. 1630, Óleo sobre lienzo, 67x50 cm. Roma, Museo Capitolino.

La autoría de este retrato capitolino ha estado siempre en tela de juicio a falta de un documento en el que se nombre como obra del maestro sevillano. Los expertos dividen opiniones entre Diego Velázquez y Gian Lorenzo Bernini.

Concretamente, su atribución a la producción de Velázquez sale a la palestra tras ser expuesto en la muestra de arte internacional de 1990, que lo llevaría a Madrid y Nueva York. En el catálogo editado, esta obra era comparada con el autorretrato del artista que se conserva en Valencia. Y ese mismo año, el experto Maurizio Marini lo propone como obra de su producción, al identificarlo con un autorretrato que se menciona entre los bienes del artista de un inventario de 1660, posterior a su muerte.

Según sus estudios sobre el maestro, Velázquez en su segundo viaje a Roma — fechado entre los años 1649 y 1650 — fue elegido miembro de la prestigiosa congregación de los Virtuosos del Panteón. Así mismo, en 1650 sería nombrado “festarolo” del día de San José, patrón de la sociedad, participando en una exposición que se realizaba con motivo de la festividad del santo a las puertas del Panteón Romano, con su afamado retrato de Juan de Pareja.

En éste nombramiento se basa Marini para atribuir el retrato masculino al pincel de Velázquez, ya que identifica en él su autorretrato, ataviado con la indumentaria típica de la orden de los Virtuosos; capa negra y cuello blanco.