18 septiembre, 2018

En el Molino Rojo, Toulouse-Lautrec


En el Molino Rojo, Toulouse-Lautrec

Henri de Toulouse-Lautrec. Hacia 1892, Óleo sobre lienzo, 123x141 cm. Cichago, The Art Institute.

Henri de Toulouse-Lautrec fue el pintor de las luces artificiales de las noches de Montmartre. Su fascinación por este tipo de ambientación en interiores va llevarle al estudio pictórico de una luz lúgubre que ofrece al espectador, la cara más triste y sepulcral de sus personajes.

Tras diferentes estudios se ha llegado a la identificación de los personajes que aparecen en la escena de esta obra. A la derecha podemos ver en primer plano y con aspecto de señora maléfica a la bailarina May Milton; en la mesa del centro aparecen sentados desde la derecha el pintor Maurice Guibert, el fotógrafo Paul Sescau, una mujer pelirroja de espaldas no identificada, la balarina española Macarona y el crítico Edouard Dujardin. Al fondo de la sala aparece retratado el propio autor ataviado con un bombín junto a Goulue, la mujer que se atusa el pelo y su primo Gabriel Tapié de Céleyran.

El Molino Rojo fue durante décadas epicentro de diversión de la vanguardia parisina, uno de los locales más frecuentado por artistas, literatos, marchantes… A pesar de ello la escena que retrata Toulouse-Lautrec desprende todo lo contrario, el aburrimiento y apatía de personas que no se dirigen la mirada, que no hablan entre ellas.

12 septiembre, 2018

Retrato masculino, Van Eyck


Retrato masculino, Van Eyck

Jan Van Eyck. Hacia 1429, Óleo sobre tabla, 19,1x13,2 cm. Bucarest, Museo Nacional de Arte de Rumanía.

Puede que sea el retrato masculino más antiguo conservado del maestro flamenco. El hecho de no tener firma, ha suscitado múltiples interpretaciones sobre su autoría a lo largo de la historia. Como curiosidad el cuadro tiene pintadas las siglas AD en la parte superior derecha, asociadas a la firma del artista alemán Alberto Durero y supuestamente pintadas en 1497. Un falso añadido en época no precisada por una mano anónima.

Los últimos estudios sobre la obra determinaron que era original de Jan Van Eyck, gracias a la técnica que había sido empleada en el dibujo subyacente y que era común a su producción artística. Tanto el encargo como la ejecución se han enmarcado en torno al año 1430.

Desde un punto de vista formal, el retrato cumple con el canon de los retratos seculares flamencos, en los que Van Eyck fue el máximo exponente. El hombre se muestra en un encuadre de tres cuartos, de medio busto y delante de un fondo oscuro. El ligero sobredimensionamiento de la cabeza es acentuado por la rotunda luz focal que cae desde la izquierda, gracias a la cual podemos apreciar minuciosos detalles anatómicos realizados con precisión miniaturista. La posición de las manos intenta romper el espacio bidimensional, añadiendo a la composición ese efectismo tan característico del artista.

La riqueza del ropaje nos habla de una persona adinerada en su época, las tonalidades oscuras del gabán de piel y la camisa contrastan con el capirón de azul lapislázuli intenso, con dos de sus alas caídas sobre los hombros.

El anillo que muestra al espectador ha dado lugar a múltiples interpretaciones, no se sabe si se encuentra relacionado con su profesión de joyero u orfebre, o es una conmemoración de esponsales, siendo un retrato de petición de mano, lo cual justificaría las pequeñas dimensiones del soporte para ser transportado.

En este último caso, el retrato sería una auténtica novedad para su época, dónde el detallado rostro contrasta con las idealizadas facciones de este tipo de representaciones, propias de una época donde en raras ocasiones la futura pareja se conocía.

05 septiembre, 2018

Mañana en Carolina del Sur, Hopper


Mañana en Carolina del Sur, Hopper

Edward Hopper. 1955, Óleo sobre lienzo, 77,6x102,2 cm. Nueva York, Whitney Museum os American Art.

‘Mañana en Carolina del Sur’ es la única pintura al óleo que realizaría Edward Hopper en 1955, tras la incipiente disminución de su producción pictórica a partir de los años 50. Según palabras del propio artista, la escena es fruto del recuerdo de una mujer que salió a la puerta de su casa para verlo pintar.

La mujer de tez mulata se detiene en la puerta de una casa de madera, ubicada cerca de una playa desdibujada en el horizonte de la escena. Su elegante vestido de color rojo a juego con el sombrero de ala ancha y zapatos de tacón alto, así como su postura de brazos cruzados, le aportan fuerza y rotundidad, consiguiendo un fuerte contraste entre su figura redondeada con la cuadrícula de líneas verticales y horizontales, que definen la casa y el paisaje respectivamente.

En la composición Hopper diferencia claramente la naturaleza de la civilización, divagando entre una profunda sensación de desolación y el magnetismo onírico que posee la imagen.

01 septiembre, 2018

Regatas en Argenteuil, Monet



Claude Monet. 1872, Óleo sobre lienzo, 48x75 cm. París, Museo d’Orsay.

En 1871 Monet se establece en la ciudad francesa de Argenteuil, gracias a la ayuda financiera de su amigo Manet. Su estancia supondrá la etapa más activa y fecunda de la vida del pintor, a quien le acompañarán otros impresionistas como Renoir, Sisley o Pissarro, con los que en alguna ocasión, compartirá la misma temática en sus obras.

Las Regatas de Argenteuil es una de las primeras que realiza, fechada en 1872. En ella ofrece una visión paisajística llena de luz y color, donde técnicamente se encuentra muy lejos del convencional detalle figurativo de la época. Monet se centra en masas de colores contrapuestas, fragmentadas y bien definidas, donde blancos, naranjas, verdes y azules se disponen a golpe de espátula. Una composición en la que no hay nada descrito minuciosamente, pero que ejerce sobre el espectador un fuerte impacto emocional.

Serían varias las versiones que el artista realizaría de las regatas durante su estancia en Argenteuil, con la clara intención de estudiar la variación de los colores según las condiciones lumínicas.